En el casco histórico: ajoblanco y pescaito frito

Gastronomia Malaga
Junto al grupo que realizamos la visita guiada a la catedral de Málaga decidimos realizar una escapada gastronómica a alguno de los restaurantes de la zona del centro histórico de la ciudad de malaga. Este se encuentra delimitado entre las calles la Alameda Principal y el Ensanche Heredia, al sur; Álamos y Carretería al norte; el monte Gibralfaro, al este y el río Guadalmedina, al oeste.
Sin un destino fijo caminamos por esta antigua zona de Málaga descubriendo nuevos lugares, fachadas de gran belleza, inmensa puertas y pequeños vestigios de otras civilizaciones. El Centro histórico nos propuso un amplio abanico de restaurantes – con diversos estilos, concepciones y ofertas gastronómicas variadas- finalmente elegimos un restaurante que ofrece comida típica.
Con sabor a mar
Siguiendo las sugerencias del chef me incliné por el “pescaito” frito que según nos explicó es el plato por excelencia de la cocina malagueña. A diferencia de las frituras de otras zonas costeras, esta se compone de boquerones, salmonetes, pescadillas, chopitos… y en principio se debería echar de menos en este plato a los chanquetes, pues su captura y comercialización se encuentra prohibido.
El conjunto de pescados se fríe con aceite de oliva, introducido por los romanos e incrementado de manera notable en su cultivo por los árabes. Aunque, sin dudas las comunicaciones facilitan el transporte del pescado hacia las zonas del interior de Málaga, el pescado servido al borde del mar parece conservar íntegras las calidades de éste.
Si la riqueza del litoral del Mediterráneo ha lanzado a la fama a este primer plato de la gastronomía malagueña, su marcado cosmopolitismo dejo los ingredientes necesarios para que la imaginación andaluza creara todo un repertorio de gazpachos y de sopas.
El ajoblanco es tradición malagueña
Este día, puede develar mi intriga sobre como se realiza el ajoblanco cuando el chef nos comentó la receta ante nuestra insistencia. Desde siempre me ha gustado conocer sobre las comidas de las diferentes lugares que visito y cuando se me presenta la oportunidad trato de introducirme en ese mundo poco a poco. Para realizarlo hay que poner en un bol la molla de pan en remojo con vinagre de vino y agua. Una vez bien empapada, hay que añadirle los ajos (quitándole la parte central para que no se repita), almendras, el aceite de oliva virgen extra y la sal.
Posteriormente se tritura hasta que quede una pasta no muy líquida, que se puede comer directamente con uvas y algunos dados de pan frito, o bien, con pescaito frito como hice yo. Mmmmm que rico! La verdad una delicia.
Algunos de mis compañeros de esta escapada culinaria optaron por degustar otros platos tradicionales de Málaga como son la sopa de rape, la de picadillo y las sopas de cachorreñas, especiadas con cominos y el zumo de una naranja agria.
Acompañamos nuestro almuerzo con vinos típicos de la región de Andalucía. Nos llamó la atención la variedad de vinos andaluces y su calidad.
De postre, pedimos variadas raciones de pestiños, mantecados y polvorones, roscos blancos, sopa de almendra y los bizcochos con pasas.
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